
(Gerald Nicosia, poeta, novelista, crítico e historiador. Autor de la más amplia biografía sobre Jack Kerouac: Memory Babe)


"El hecho de contemplar un grupo de tres o cuatro indios que atraviesa un campo y cruza las vias del tren es para nuestros sentidos algo tan increíble como un sueño; uno piensa: Deben ser indios -ni un alma que los mire- , van en esa dirección, a nadie le importa hacia qué lado vayan, ¿serán de alguna reserva?¿que llevarán en esos sacos de papel marrón?, y sólo después de un inmenso esfuerzo uno comprende: Pero si eran los habitantes de estas tierras y eran ellos bajo estos cielos enormes los que se preocupaban y cuidaban y protegían a sus mujeres, reunidos en enteras naciones alrededor de sus tiendas; y ahora el ferrocarril que pasa sobre los huesos de sus antepasados los empuja, señalándoles el infinito, reliquias de humanidad que pisan ligeramente la superficie del suelo, tan profundamente supurado del almacenamiento de sus desdichas, que basta excavar un palmo en la tierra para encontrar la mano de un niño" (Jack Kerouac. The Subterraneans)

"Dean se lanzaba sobre las filas de coches como el Ángel del Terror. Casi los embestía mientras buscaba paso. Rozaba sus parachoques, se estiraba y agitaba y levantaba para ver las curvas y, de pronto, el potente coche saltaba hacia delante y pasaba, y siempre por un pelo conseguía volver a la parte derecha mientras otras filas de coches pasaban en sentido contrario y yo temblaba. Aquella carretera del pasado desfilaba vertiginosamente como si la copa de la vida hubiese sido volcada y todo fuera un auténtico disparate. Me dolían los ojos ante aquella pesadilla a la luz del día.
-Hostias, Dean! Me voy al asiento de atrás, no puedo soportar esto más.
-¡Ji-Ji-Ji! -se burló Dean y adelantó a un coche en un puente muy estrecho y levantó una nube de polvo y siguió su marcha. Aquella mañana se apoderaron de mi terribles horrores; estaba seguro de que íbamos a chocar y me tumbé en el suelo y cerré los ojos y traté de dormir... ahora sentía la carretera medio metro debajo, desplegándose y volando y silbando a una velocidad increíble a través del ruidoso continente con aquél loco Ahab al volante. En cuanto cerraba los ojos lo único que veía era la carretera desplegándose en mi interior. Cuando los abría veía sombras relampagueantes de árboles vibrando en el suelo del coche. No había modo de escapar" (Jack Kerouac. On the Road)

"Bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ¡Ahhh!" (Jack Kerouac. On the Road)
"Para entonces ya estoy borracho, me siento atontado, y todo el teatro, a oscuras en el mundo, da vueltas, todo es una locura, está invertido, se lamenta, sonríe burlón, ríe, serpentea, ahíto de sexo, ¿qué está haciendo el público en sus asientos en este vacío de mago destructor, batiendo palmas y aullando a la chica y a la música? ¿y las luces de distinta intensidad jugueteando por todos los rincones, en todas partes, rosa, salmón, corazón-triste, azul-muchacho, verde-chica, negro-capa-española y negro-negro? Ug, oh, sé qué hacer, Sarina la Picarona está ahora tumbada de espaldas en el escenario, moviendo despacio sus delicadas espaldas a algún imaginario hombre-dios del cielo que le concede su favor eterno... y pronto tendremos globos encinta, esperma en las estrellas y botellas rotas en los astros, después polvo, átomos de polvo o como grandes universos de muslos, vaginas, penes, qué importa, todo es un barco celestial. Y más allá veo hileras de sufriente humanidad plañidera a la luz de las velas, a Jesús en la Cruz, a Buda sentado bajo el árbol Bo, a Mahoma en una cueva y la serpiente y el sol sujetos en lo alto, y toda la antiguedad Sumero-Arcadia, antiguas barcazas sobre el mar llevándose a Helenas cortesanas fuera de la lucha final, cristal roto de minúscula infinitud hasta que no queda nada sino blanca luz de nieve permeándose por todas partes a través de sol y oscuridad, pling, y éxtasis gravitacional electromagnético atravesándolo todo sin una palabra ni una señal, ni siquiera siendo... Pero Oh Sarina, ven conmigo a mi lecho de infortunios, déjame amarte suavemente en la noche, hasta el amanecer, hasta que haya apagado mi sed de Samsara en el pórtico de tus labios como pétalos rosados y haya depositado aromático zumo en el jardín de tu rosada carne, para fundirse, secarse y hacer brotar otro niño del vacío, ven, dulce Sarina a mis avisados brazos, ensúciate em mi limpia leche, te acunaré y te amaré toda tú, y así será" (Jack Kerouac. Desolation Angels)

Todos los que entre nosotros tienen ánimos han representado el papel de Dios en alguna ocasión, pero ¿cuándo fue la última vez que creamos una generación? ¿Tal vez hace dos semanas? ¿O corrimos a nuesto siquíatra para rogarle que nos tranquilizara porque teníamos miedo de incubar semejantes pensamientos? Jack Kerouac lo hizo. Tomó por el rabo nuestra acostumbrada prosa y la acercó a la pura acción como nuestros músicos de jazz y pintores lo habían hecho. Pero Kerouac hizo aún más: ahora en 1965, vemos que fue el primer escritor importante (otro fue Salinger) en la creación del Pop Art asimismo. Las raíces de cualquier innovador se alimentan a sí mismas en fuentes profundas y primarias, y si echamos una mirada concentrada a las de Kerouac, la extensión de su conciencia y el alcance de su preocupación podría sorprender a cierto número de mentes con prejuicios y despertarlas a un reconocimiento tardío. Es clarificador el tener presente que los títulos de las dos obras más importantes de Burroughs y Ginsberg, El almuezo desnudo y Alarído, respectivamente, fueron acuñados por Jack Kerouac, el hechicero de las palabras. A la edad de veintinueve años, Kerouac hizo de pronto su ruptura a través de una fenomenal explosión de energía, y encontró la forma de contar su historia particular con sus liberadores chorros de frases que iban a convertirle en el sólo y único chiflado-místico-católico, quemador y filtro de la prosa americana. (Seymour Krim. Prólogo de Desolation Angels)

"Las garras de negros árboles a la luz de la luna, tal vez rosado amanecer, cuando sea viejo, junto a mi última estufa, y el pájaro se deshaga en su rama de polvo en Lowell, ¿qué pensaré, sauce? cuando los vientos se deslizen por entre mi saco y me den desnudos azules y vaya doblado a mis meritorias tareas en la tierra cubierta de césped, ¿qué amorosas canciones entonces para el viejo ambulante y hundido, doblado y neblinoso Jack? Ningún nuevo poeta traerá laureles como miel a mi leche, burlas. Burlas de mujer del amor eran mejores, creo. Me caería por las escaleras, brabac, y lavaría mis ropas en el río, charlaría en los cables de tender la ropa, airearía los lunes, Áfricas de amas de casa espantarían hijas de Lear, corazones de mármol como tierras de nadie...pero pudo haber sido mejor de lo que puede ser, labios no besados del solitario Duluoz malhumorado en una tumba" (Jack Kerouac. Desolation Angels)
