JACK KEROUAC


Hace diez años muy pocos críticos pudieron aceptar el hecho de que yo comparara ventajosamente a Kerouac con dioses reconocidos del panteón literario como Shakespeare, Balzac, Melville, Proust y Joyce. Las cosas han cambiado mucho en estos diez últimos años. Casi no pasa una semana sin que en algún rincón de los Estados Unidos aparezca un articulo que mencione a Kerouac: ya sea The New York Times Book Review, que lo une a Walt Whitman como progenitores parejos de la literatura viajera americana, o la revista Life, que incluyó a Jack Kerouac en la lista de los cien americanos más importantes del siglo XX.
(Gerald Nicosia, poeta, novelista, crítico e historiador. Autor de la más amplia biografía sobre Jack Kerouac: Memory Babe)


Es posible que nuestra prosa no se recobre jamás de lo que le ha hecho Jack Kerouac. Es un amante apasionado del lenguaje, y sabe como utilizarlo. Es un virtuoso nato, disfruta desafiando las leyes y los convencionalismos de la expresión literaria que estorban la auténtica comunicación sin trabas entre el lector y el escritor. (Henry Miller. Prólogo a The Subterraneans)


"El hecho de contemplar un grupo de tres o cuatro indios que atraviesa un campo y cruza las vias del tren es para nuestros sentidos algo tan increíble como un sueño; uno piensa: Deben ser indios -ni un alma que los mire- , van en esa dirección, a nadie le importa hacia qué lado vayan, ¿serán de alguna reserva?¿que llevarán en esos sacos de papel marrón?, y sólo después de un inmenso esfuerzo uno comprende: Pero si eran los habitantes de estas tierras y eran ellos bajo estos cielos enormes los que se preocupaban y cuidaban y protegían a sus mujeres, reunidos en enteras naciones alrededor de sus tiendas; y ahora el ferrocarril que pasa sobre los huesos de sus antepasados los empuja, señalándoles el infinito, reliquias de humanidad que pisan ligeramente la superficie del suelo, tan profundamente supurado del almacenamiento de sus desdichas, que basta excavar un palmo en la tierra para encontrar la mano de un niño" (Jack Kerouac. The Subterraneans)



"Dean se lanzaba sobre las filas de coches como el Ángel del Terror. Casi los embestía mientras buscaba paso. Rozaba sus parachoques, se estiraba y agitaba y levantaba para ver las curvas y, de pronto, el potente coche saltaba hacia delante y pasaba, y siempre por un pelo conseguía volver a la parte derecha mientras otras filas de coches pasaban en sentido contrario y yo temblaba. Aquella carretera del pasado desfilaba vertiginosamente como si la copa de la vida hubiese sido volcada y todo fuera un auténtico disparate. Me dolían los ojos ante aquella pesadilla a la luz del día.

-Hostias, Dean! Me voy al asiento de atrás, no puedo soportar esto más.

-¡Ji-Ji-Ji! -se burló Dean y adelantó a un coche en un puente muy estrecho y levantó una nube de polvo y siguió su marcha. Aquella mañana se apoderaron de mi terribles horrores; estaba seguro de que íbamos a chocar y me tumbé en el suelo y cerré los ojos y traté de dormir... ahora sentía la carretera medio metro debajo, desplegándose y volando y silbando a una velocidad increíble a través del ruidoso continente con aquél loco Ahab al volante. En cuanto cerraba los ojos lo único que veía era la carretera desplegándose en mi interior. Cuando los abría veía sombras relampagueantes de árboles vibrando en el suelo del coche. No había modo de escapar" (Jack Kerouac. On the Road)


"Bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ¡Ahhh!" (Jack Kerouac. On the Road)


"Para entonces ya estoy borracho, me siento atontado, y todo el teatro, a oscuras en el mundo, da vueltas, todo es una locura, está invertido, se lamenta, sonríe burlón, ríe, serpentea, ahíto de sexo, ¿qué está haciendo el público en sus asientos en este vacío de mago destructor, batiendo palmas y aullando a la chica y a la música? ¿y las luces de distinta intensidad jugueteando por todos los rincones, en todas partes, rosa, salmón, corazón-triste, azul-muchacho, verde-chica, negro-capa-española y negro-negro? Ug, oh, sé qué hacer, Sarina la Picarona está ahora tumbada de espaldas en el escenario, moviendo despacio sus delicadas espaldas a algún imaginario hombre-dios del cielo que le concede su favor eterno... y pronto tendremos globos encinta, esperma en las estrellas y botellas rotas en los astros, después polvo, átomos de polvo o como grandes universos de muslos, vaginas, penes, qué importa, todo es un barco celestial. Y más allá veo hileras de sufriente humanidad plañidera a la luz de las velas, a Jesús en la Cruz, a Buda sentado bajo el árbol Bo, a Mahoma en una cueva y la serpiente y el sol sujetos en lo alto, y toda la antiguedad Sumero-Arcadia, antiguas barcazas sobre el mar llevándose a Helenas cortesanas fuera de la lucha final, cristal roto de minúscula infinitud hasta que no queda nada sino blanca luz de nieve permeándose por todas partes a través de sol y oscuridad, pling, y éxtasis gravitacional electromagnético atravesándolo todo sin una palabra ni una señal, ni siquiera siendo... Pero Oh Sarina, ven conmigo a mi lecho de infortunios, déjame amarte suavemente en la noche, hasta el amanecer, hasta que haya apagado mi sed de Samsara en el pórtico de tus labios como pétalos rosados y haya depositado aromático zumo en el jardín de tu rosada carne, para fundirse, secarse y hacer brotar otro niño del vacío, ven, dulce Sarina a mis avisados brazos, ensúciate em mi limpia leche, te acunaré y te amaré toda tú, y así será" (Jack Kerouac. Desolation Angels)


Todos los que entre nosotros tienen ánimos han representado el papel de Dios en alguna ocasión, pero ¿cuándo fue la última vez que creamos una generación? ¿Tal vez hace dos semanas? ¿O corrimos a nuesto siquíatra para rogarle que nos tranquilizara porque teníamos miedo de incubar semejantes pensamientos? Jack Kerouac lo hizo. Tomó por el rabo nuestra acostumbrada prosa y la acercó a la pura acción como nuestros músicos de jazz y pintores lo habían hecho. Pero Kerouac hizo aún más: ahora en 1965, vemos que fue el primer escritor importante (otro fue Salinger) en la creación del Pop Art asimismo. Las raíces de cualquier innovador se alimentan a sí mismas en fuentes profundas y primarias, y si echamos una mirada concentrada a las de Kerouac, la extensión de su conciencia y el alcance de su preocupación podría sorprender a cierto número de mentes con prejuicios y despertarlas a un reconocimiento tardío. Es clarificador el tener presente que los títulos de las dos obras más importantes de Burroughs y Ginsberg, El almuezo desnudo y Alarído, respectivamente, fueron acuñados por Jack Kerouac, el hechicero de las palabras. A la edad de veintinueve años, Kerouac hizo de pronto su ruptura a través de una fenomenal explosión de energía, y encontró la forma de contar su historia particular con sus liberadores chorros de frases que iban a convertirle en el sólo y único chiflado-místico-católico, quemador y filtro de la prosa americana. (Seymour Krim. Prólogo de Desolation Angels)


"Las garras de negros árboles a la luz de la luna, tal vez rosado amanecer, cuando sea viejo, junto a mi última estufa, y el pájaro se deshaga en su rama de polvo en Lowell, ¿qué pensaré, sauce? cuando los vientos se deslizen por entre mi saco y me den desnudos azules y vaya doblado a mis meritorias tareas en la tierra cubierta de césped, ¿qué amorosas canciones entonces para el viejo ambulante y hundido, doblado y neblinoso Jack? Ningún nuevo poeta traerá laureles como miel a mi leche, burlas. Burlas de mujer del amor eran mejores, creo. Me caería por las escaleras, brabac, y lavaría mis ropas en el río, charlaría en los cables de tender la ropa, airearía los lunes, Áfricas de amas de casa espantarían hijas de Lear, corazones de mármol como tierras de nadie...pero pudo haber sido mejor de lo que puede ser, labios no besados del solitario Duluoz malhumorado en una tumba" (Jack Kerouac. Desolation Angels)

CUENTOS


NAYELI WILD

Atravesando el espacio. Atravesando el cielo y las estrellas. (Walt Whitman)

El golpe sonó muy cerca de mi cabeza. Aturdido aún por el sueño intenté encontrar en aquella profunda oscuridad el interruptor de la luz. Maldije entre dientes: por un eterno segundo olvidé donde me encontraba. El traqueteo del tren se encargó de recordármelo.
Las manecillas fosforescentes de mi reloj marcaban la dos y media de la madrugada. Un fuerte portazo y unas risas mal apagadas dieron paso a un profundo silencio, roto únicamente por el hipnótico golpeteo del pesado acero sobre las vias.

Pemanecí tumbado en la oscuridad de mi litera tratando de conciliar de nuevo el sueño observando las extrañas sombras que se dibujaban en el techo. Llovía con fuerza y un rayo cercano iluminó débilmente el compartimento. Cerré los ojos y me dejé mecer por aquel gigante metálico.

De repente me parecío oir unos casi imperceptibles golpes en la puerta de mi compartimento. Afiné el oído, extrañado de que aquello pudiera estar realmente sucediendo. Efectivamente, dos golpes significativamente más decididos sonaron en la puerta. La abrí unos centímetros y pude contemplar a una chica de unos veinte años empapada de pies a cabeza que me observaba con una mirada repleta de ansiedad.
-Necesito su ayuda -me susurró
Con recatada timidez me quedé oculto tras la puerta asomando por ella sólo mi despeinada cabeza. Por suerte, aquella había sido una noche fría y llevaba puesto un pijama relativamente presentable, aún así, mi aspecto debía ser decididamente patibulario.
-Lamento mucho haberlo despertado -me susurró
-¿Qué ocurre? -le pregunté extrañado mientras trataba de adecentar un poco mi pelo. -Sé que le parecerá extraño -me dijo agitada, -pero es que necesito llegar a la frontera y no dispongo de billete para ello.
-¿Es que la están persiguiendo? -le pregunté
- No... es decir sí... pero no es lo que usted piensa - dijo girando un poco la cabeza
-Está bien tranquila. Por que no entra y me lo explica todo desde el principio.
-Gracias. -Suspiró
-¿Es usted extranjera verdad? -le pregunté, mientras trataba de encontrar una toalla en mi vieja maleta.
- Se podría decir que sí -dijo enigmáticamente, mientras se sentaba tímidamente en el borde de la litera.
-¿Se podría decir que sí? -le pregunté extrañado.
-Es una larga historia. -dijo apretando con fuerza su enorme bolso -un asunto muy delicado: sólo su gobierno está al corriente.
- ¡No será usted una espía! -bromeé
-No, no lo soy. -me miró muy seria -escuche, si se lo explico sin duda va a pensar usted que estoy loca.
-Bueno, inténtelo -le animé
-Está bién. No soy de este planeta. -soltó, y me miró fijamente a los ojos.
- ¿Cómo? -la míré frunciendo el ceño creyendo no haber oído bien.
-No soy de este planeta. -repitió
-Tiene usted razón, creo que está loca. -le dije, convencido
-Mire esto. -Buscó en el interior de su gigantesco bolso y me acercó unos papeles. Los leí con atención.
-¿Pero que diablos...? -estaba estupefacto.
-Ya ve que no miento. Pude hacerme con estas copias oficiales.
¿Acaso estaba soñando?. Una mujer de exquisito vocabulario y de excelente
aspecto se había colado en mi compartimento a altas horas de la madrugada, ¡tratando de covencerme de que venía de otro maldito planeta!
-Un momento, un momento... ¿me está usted sugiriendo...¡no!. ¡afirmando! ¿que procede de otro planeta?
-Por favor no alce la voz. Siéntese a mi lado, trataré de explicárselo. -me susurró
Así pues, completamente atónito, me senté a su lado dispuesto a digerir toda aquella desconcertante historia.
-Hace muchos años nosotros vivíamos en unas condiciones muy parecidas a las de ustedes, ésto nos sorprendió muchísimo al llegar aquí. Su sociedad, su cultura, su tecnología, es idéntica a la nuestra, pero de siglos pasados. En resumen: viven ustedes como nosotros vivíamos hace unos... doscientos años.
En mi cara empezaba a dibujarse un extraño rictus de estupidez llevada al límite,
pero
ella continuó impasible, con su alucinante relato.
-A nosotros aquella filosofía belicista nos condujo casi a la catástrofe. Ello nos llevo a reflexionar muy seriamente sobre nuestro futuro, por lo que partimos de nuevo desde cero. Y los resultados ya los puede usted imaginar: Las nuevas tecnologías al servicio de la paz, nos han permitido viajar a través de toda la galaxia en busca de nuevas formas de vida, y por lo tanto llegar hasta aquí.
No podía creer lo que estaba oyendo. Mientras hablaba podía sentir la calida brisa de su aliento en mi oreja, como una casi imperceptible caricia.
-Está usted hablando en serio, ¿verdad? -le dije
-Sí -me dijo. Y la creí.
-Es asombroso -murmuré pensativo moviendo la cabeza de un lado al otro.
-¿Le importaría dejarme la toalla? ¡Estoy empapada!
Salí de mi estupor como si alguien hubiera accionado de repente un invisible resorte.
Y por primera vez la vi sonreír. Le acerqué la toalla que colgaba inerte en mis manos desde hacía un buen rato. La chica se quitó el abrigo y empezó a secarse su larga cabellera... y siguió quitándose toda la ropa como si yo no existiera. Enrojecí violentamente.
-Pero todavía no me ha dicho qué es lo que hace en este tren -le pregunté, dándole la espalda y encendiendo un cigarrillo con mano temblorosa.
-Bueno, para empezar me llamo Nayeli, Nayeli Wild, soy estudiante de biología y formo parte de un grupo en prácticas. Mi padre es un prestigioso antropólogo forense. Hace ya dos años y medio que estamos viviendo aquí y nos hemos adaptado muy bien a este lugar.
Nayeli Wild... curioso nombre para una chica tan dulce -pensé
-Pues bién, mi padre y los demás miembros de la expedición, están colaborando estrechamente con su gobierno en el más extricto secreto. Hemos estado viviendo durante todo este tiempo en una base militar.
-Y tú te has escapado de esa base ¿no?
-Sí, nuestra misión aquí está finalizando, debemos regresar a casa y...
Sus ojos verdes, húmedos de emoción, brillaban como esmeraldas.
-Y no quieres irte - le dije
Ella asintió con una sonrisa, y una lágrima se precipitó por su cara, veloz y brillante, como las estrellas fugaces que ella tan bien debía conocer. A pesar de todo se había acostumbrado a este cálido y entrañable ambiente tan radicalmente opuesto a la perfecta y por tanto fría sociedad de la que provenía. Aquí encontró un paraíso de imperfecciones, pero al fin y al cabo un paraíso.
-Le parecerá una locura, pero estoy decidida a quedarme aquí.
-No seré yo quien te lo impida. -le dije- y de paso si quieres puedes tutearme.
Nayeli sonrió feliz, enrollada en la toalla. Su ropa colgaba por todas partes.
Te despertaré al amanecer -le aseguré
Así pues, Nayeli se desprendió de su toalla sin ningún pudor y se introdujo tranquilamente en la litera inferior. Yo ascendí rápidamente a la superior tratando de que no se notara demasiado mi evidente turbación. Le dí las buenas noches y apagué la luz. Su ropa interior colgada a mis pies fue lo último que ví antes de caer profundamente dormido.
Los pálidos rayos del amanecer invernal se filtraban por la ventana y me daban de lleno en la cara. Bostecé, me estiré y me dispuse a despertar a la chica. La litera estaba vacía, intacta, Nayeli no estaba. La ropa no estaba. Primero pensé que se había ido sin despertarme, pero era absurdo, me necesitaba para sus propósitos. Despúes pensé en un secuestro, algo bastante improbable. Me quedé lívido, un miedo atroz se apoderó de mí, una idea obsesiva se abrió en mi mente: un sueño.
Pero ¡cómo! ¡cómo es posible un sueño tan real! Bajé de la litera y busqué la toalla.
Pero ésta apareció perfectamente seca y doblada en una de mis maletas.
Quizás después de todo no había sido más que un sueño, un sueño increíblemente real. Quizás no ha existido jamás una chica llamada Nayeli Wild excepto en mi imaginación, pero lo cierto es que real o no, ha conseguido llenar un vacío en aquél lugar de mi mente destinado a los recuerdos más bellos. Nayeli y su pequeño planeta llamado Tierra.


Jordi Ferrer













MÚSICA

MIS 20 IMPRESCINDIBLES

JIMI HENDRIX - HAVE YOU EVER BEEN (TO ELECTRIC LADYLAND





THE DOORS - WHO SCARED YOU




FLEETWOOD MAC (PETER GREEN) - BEFORE THE BEGINING





JOY DIVISION - DECADES






SANDY DENNY - LATE NOVEMBER





PINK FLOYD (SYD BARRETT) - JUGBAND BLUES




NICK DRAKE - RIVER MAN




STEELY DAN - ONLY A FOOL WOULD SAY THAT





J. J. CALE - CRYING


POESÍA


AZUL


Un tímido beso en la brisa de diciembre


Campos de trigo helado, amaneceres plateados


Labios lacerados por gélidos remolinos blancos


Rojo de cereza herida en el fuego apagado


De tus mejillas de nieve ardiente


Extraña calidez helada en el nacarado contacto


De tus dientes en mis dientes


En la pálida nube de tu sonrisa


Desapareciendo en mi boca


Azul en la espesa niebla que nos aleja


Azul en el espacio abismal que nos separa


Azul en las heladas y oscuras sombras


De nuestro invierno interior.



ROJO


Deja que nos inundemos


De cálidos rayos germinadores


Que en tu pálido vientre brote la semilla cálida


De una nueva primavera


Deja que un nuevo amanecer se abra paso


En nuestras venas


Que circule por ellas todo su calor


La naturaleza en todo su plenitud


Déjame retozar entre amapolas rojas


Salvajes y bellas


En el verde frondoso de ese prado


Entre flores amarillas y bancas


Bajo este azul intenso del cielo


Déjame descansar sobre la hierba


Que crece en el borde del camino


Bajo aquella hermosa higuera


Henchida de olorosos frutos


Deja que el sol acaricie mi rostro


Que me una por fin a la tierra


Le pertenezco y me pertenece


Descansa un poco conmigo, no te alejes


Deja que me adormezca acunado


Por este profundo silencio.



.....






La tarde extiende su manto de miel en las aceras

Las cloacas emiten llanto de viuda

Hedor de flores marchitas

En las cenizas de un cielo que anuncia tormenta

El cielo me envuelve en grises sábanas de penumbra

Gotas heladas se deslizan sobre mi cara

Sobre mis manos

Con un efímero hálito de vida

Se derraman fugitivas entre mis dedos

Como una asombrosa lluvia de diamantes

Perladas y frías, brillantes e intensas

Gotas preñadas de luz de poniente

Apenas acariciadas por el cálido aliento

De la tímida brisa de Tánger

Gotas ávidas de vacío, ávidas por dejar de ser

Deseosas de rincones celestes

De esquinas doradas en el firmamento

Ser lluvia, relámpago, rayo desgarrador

Que atraviesa fulminante el horizonte

Deseosas de ser por fin nubes

Estelas imprecisas dibujadas en el infinito

Vapores azulados y ténues

Tras el fuego implacable del sol meridional

Ángeles de Tánger

Ángeles de mirada de fuego y mirada plateada

Bailan para mí su extraña y luminosa danza

En un cielo azul, despejado y sin límites.





.....




N.Y.C.



Exhausto del frío aliento de tu acero

De tu sofocante cemento

De tu catatónica ausencia

Exhausto de tus rincones podridos

Como intestinos macerados en agua de lluvia

Exhausto de tus humeantes entrañas

De las insoportables llamaradas de tu estío

Del colapso indeleble de tus arterias infartadas

Exhausto de tus cacofónicos gemidos

De tus miradas perdidas y tus guiños cristalinos


Times Square aún derramado en mis ojos




Estertores del viejo aire Y.M.C.A martilleando mi cerebro

Tylenol y un racimo de babanas Chinatown

Quiero dormir esta noche contigo, te amo extrañamente

Times Square como chispas azules brillando en la noche

Times Square aún derramado en mis ojos